Estamos en tiempos de Olentzaros, y como en tantas otras cosas, la confrontación entre distintas formas de entender esta figura casi mitológica. No hay duda de que tiene relación con el solsticio de invierno, en lo que representa el fuego y el carbón que el fabricaba en el monte, con la madera que previamente talaba. Los tiempos cristianos convierten a este carbonero en un enviado para dar la buena nueva del nacimiento del Mesías. Esta figura que esta circunscrita, desde hace muchos años, al Río Bidasoa y a las poblaciones cercanas a él, se va convirtiendo, poco a poco, en el sustituto de Papa Noel o de Santa Claus y sus renos, o de San Nicolás. Todos ellos relacionados con la Navidad y con el reparto de regalos en las familias. Es curioso que el bonachón carbonero, ennegrecido por su trabajo, se convierta en un plis plas en alguien vestido con un kaiku vizcaíno de lo más elegante y limpito, para traer juguetes y otras cosas a los niños que se han portado bien. A los que no, lo tiene más fácil, lleva el carbón en el saco. Hasta se les ha ocurrido que seria bueno crear la Olentzaroetxea en un pueblo de Bizkaia. Aquí, también puede haber su pequeña bronca, porque en el Baztan, y con más motivos, están dispuestos a que el lugar donde descanse de su arduo trabajo sea ese magnifico valle donde nace el Bidasoa.
Me he ido por las ramas, ya que lo que quería era poner en cuestión la necesidad de los nacionalismos, de buscar nuevas figuras que les liberen de las ya existentes en los países de los que forman parte de manera natural.
¿Y usted que opina?